Reciente Beato mexicano

P. MOISÉS LIRA SERAFÍN

BEATO P. MOISÉS LIRA SERAFÍN, MISIONERO DEL ESPÍRITU SANTO Y FUNDADOR DE LAS MISIONERAS DE LA CARIDAD DE MARÍA INMACULADA.

El P. Moisés, fue declarado beato el 14 de septiembre de 2024 en la Insigne Nacional Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, por el cardenal Marcello  Semeraro prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, en representación del Papa Francisco.

El P. Moisés, nació en Tlatempa, Zacatlán de las Manzanas, Puebla, el 16 de septiembre de 1893, de una familia católica.

Tenía cinco años cuando quedó huérfano de madre, por lo que se separó de sus hermanos e inició su vida itinerante al lado de su padre Pedro Lira, quien en ese entonces era maestro de la escuela parroquial y se llevaba al pequeño Moisés a los destinos que le daban al Sacerdote Francisco Javier Hernández, con quien trabajaba Don Pedro.

En 1908, inició sus estudios en el Seminario de Puebla, apoyado por su bienhechora Petra Munive. Ahí, sintió el llamado a la vida religiosa.

El P. Félix de Jesús Rougier, lo llamó “mi primogénito”, porque con Moisés y el P. Domingo Martínez funda los Misioneros del Espíritu Santo, el 25 de diciembre de 1914; Congregación en la que hace su Profesión Religiosa, el 4 de febrero de 1917. 

Es ordenado sacerdote el 14 de mayo 1922 y ese mismo año hace sus votos perpetuos. Estudió en Roma y allá, hizo su VOTO DE ABANDONO (1927), el cual consistió para Moisés en depositar su confianza plena en Dios, aceptando su voluntad hasta las últimas consecuencias.

El 29 de marzo de 1934, fundó una Congregación religiosa, las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada. 

Murió el 25 de junio de 1950, en la ciudad de México, dejando entre las personas que lo conocieron hermosos ejemplos de santidad y vida fecunda por su pureza e integridad de vida, ya que practicó las virtudes cristianas en grado heroico.

Su proceso de canonización se inició en el año 2000 en la Arquidiócesis de México, el cual se puede sintetizar en las palabras “Por sus frutos los conocerán” (Mt.7, 16.20), pues las pruebas documentales y testimonios que se recogieron dan testimonio de su vida, obra y carisma. Las actas se enviaron a la Congregación para la Causa de los Santos en Roma, donde fueron estudiadas por teólogos y cardenales y ambas instancias aprobaron la causa y lo presentaron al Papa, quien dio el decreto de venerabilidad con el fin de que el ejemplo de vida cristiana del P. Moisés estimule y anime el camino de santidad de los fieles en la Iglesia.

El P. Moisés se dedicó por vocación de bautizado, sacerdote y religioso a seguir más de cerca a Cristo, en una entrega de su vida por amor, cooperando a la edificación de la Iglesia, del mundo y de la caridad en el servicio a Dios y a los hermanos.

En su personalidad se destaca su inteligencia clara, su voluntad firme, su carácter activo, su sentido práctico, su rectitud, su gran caridad, sencillez y humildad. En el orden de la gracia: su amor a Dios, su espíritu de fe y de sacrificio, su empeño en buscar la voluntad de Dios, su generosidad y su gran celo apostólico. Supo corresponder a la gracia del Espíritu Santo viviendo con autenticidad el Espíritu de las Obras de las Cruz en amor, pureza y sacrificio, recibiendo además el carisma de la Filiación Divina, con el tinte de la Infancia Espiritual que Jesucristo recomienda en el Evangelio. Su lema fue el mismo de Jesús: “Hago siempre el agrado de mi Padre” (Jn 8, 29).

El P. Moisés recibió el carisma de Infancia Espiritual, un regalo gratuito que Dios le dio, no para él mismo sino para transmitirlo a los demás y consciente de ello, fundó la Congregación religiosa de Misioneras de la Caridad de María Inmaculada, a quienes decía: “Nuestro Señor me ha elegido para llevar a cabo la misión más sublime que Él trajo a la tierra, la misión de enseñar el espíritu filial, el espíritu de pequeñez, o sea de humildad”. En la familia religiosa por el fundada veía prologada la misión a la que se sentía llamado: “Ustedes son mis queridas colaboradoras las continuadoras que darán mucha gloria a Nuestro Señor”. “Les dejo mi propio espíritu, el que Dios me dio para ustedes […] Será bien para sus almas, gloria de Dios y bien de la Iglesia”.

El carisma de las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada sigue creciendo en la Iglesia y para la Iglesia; hoy en día están presentes en México, Guatemala, Nicaragua, Perú, Chile, Estados Unidos, Roma, Italia y Kenia, África. Realizan su apostolado en el área de la salud: en la atención a enfermos, ancianos y pacientes neuro-psiquiátricos; en el área de la educación; la atención a niños, adolescentes y jóvenes en escuelas y Casas-hogar; en la pastoral misionera y ad-gentes: el servicio de la evangelización y catequesis en diferentes Diócesis y países.

Redactado por las hermanas: Ivett Judith Mani López MCMI y Paulina Pérez Orozco MCMI

SACERDOTE CON CRISTO: TESTIGO DE LA MISERICORDIA DE DIOS

«El Señor nos llama a sondear las grandes miserias, nos hace testigos de las obras maravillosas de su amor misericordioso» (Diario espiritual, diciembre 13 de 1922). En su ministerio Sacerdotal hace suya la participación del misterio de la Cruz: «Cada día voy comprendiendo que la vida de sacerdote es una vida de Cruz […] No soy solo, somos Cristo y yo, que nos alentamos, que nos participamos muy íntimamente nuestras cruces, nuestras alegrías y todo… Somos Cristo y yo. Yo otro Él, y Él otro yo… Oh dicha… en donde Él está, estaré yo. Aquí estoy Señor, para que me hagas como tú me quieras… tuyo, tuyo, otro Tú, víctima; otro Tú, redentor; otro Tú, hostia;… Jesús, recuerda que soy tu ministro, y en donde Tú estés, yo no debo faltar… y Tú estás en la Cruz, en el altar, en las almas… etc.

DIRECTOR ESPIRITUAL – GRAN APÓSTOL DEL CONFESIONARIO

Desde su Ordenación, sintió el llamado y la atracción por el ministerio de la Confesión: «Me siento muy atraído a trabajar cuanto pueda en el silencio y oscuridad de un confesionario […] A mis pies vienen a verter sus lágrimas más secretas, sus penas más íntimas. Debo ser el Consolador […] No debo ser de ningún rango social y sí debo tender a todos». Ejerció ampliamente la paternidad espiritual: «Todos me dicen Padre, seamos Padres». «Me siento con un corazón muy grande para abarcar a todo el mundo». Su fina bondad brota de su relación con el Padre, fruto de su oración: «Oh mi Buen Dios, que las trate como Tú las tratabas, con suma delicadeza, con gran amor y sumo esmero, que no las lleve por otro camino, sino por el que lleva a Ti» (Diario espiritual, octubre 10 de 1922).

FUNDADOR

Dios lo llamó a Fundar la Congregación de Misioneras de la Caridad de María Inmaculada (marzo 29 de 1934, un Jueves Santo). Misión que llevó a cabo en la fe: «Nuestro Señor me ha elegido para llevar a cabo la “misión más sublime” que Él trajo a la tierra, la misión de enseñar el Espíritu filial, el espíritu de pequeñez, o sea de humildad». (Diario espiritual julio 14 de 1935). Hna. Beatriz Ruiz Rodríguez, MCMI.