Formación
La formación es un proceso de configuración con Cristo a través de un itinerario de fe y consagración. Su finalidad es la de formar personas capaces de donarse a Dios consciente y libremente según nuestro carisma y espiritualidad.
Nuestra formación nos ha de ayudar a buscar y acoger la voluntad de Dios Padre como Jesús, y a mantener en Él una total adhesión, confianza y abandono para vivir la relación filial y fraterna.
Aspirantado
(México, Guatemala y Kenia)
Esta etapa tiene como finalidad que la joven conozca nuestro estilo de vida, el carisma, y la vida cristiana; acompañando a la aspirante en el proceso de clarificación vocacional. Hay dos formas de realizar el aspirantado, uno en familia y otro en comunidad, ambos bajo la guía de una hermana.
Postulantado
(México, Guatemala y Kenia)
El postulantado ofrece a la postulante los medios para avanzar en su proceso de maduración humana, cristiana y vocacional. Se realiza en una comunidad adecuada para ello, bajo la guía de una formadora y se le introducirá en alguna de nuestras actividades apostólicas.
Noviciado
(México, Guatemala y Kenia)
Con el noviciado se inicia la vida en el Instituto, tiene como objetivo que las novicias hagan discernimiento de su vocación a nuestra Congregación, experimenten nuestro estilo de vida y los consejos evangélicos, formen su mente y corazón según el carisma, espiritualidad y espíritu congregacional y verifiquen sus intenciones e idoneidad.
Juniorado
(México, Guatemala y Kenia)
El juniorado tiene como finalidad configurar la identidad religiosa de las hermanas y asumir su formación de manera responsable.
Objetivo: Para lograr el objetivo de la etapa, se tienen como medios: participar en la vida y misión de la Congregación en una comunidad formativa; aprender a armonizar la vida de oración y de comunidad, con los estudios y actividades apostólicas, acompañadas por las superioras y formadora; priorizar los estudios teológicos antes que los académicos y prepararse para la profesión perpetua.
Formación Permanente
La formación permanente abarca todas las dimensiones de la persona: espiritual, carismática, consagración, comunitaria y apostólica.
Cada una de las MCMI se esfuerza y es la primera responsable en descubrir la necesidad de formarse continuamente.




